sábado, septiembre 03, 2011

El escritor aislado y el escritor delincuente


Dice Javier Marías en su artículo de hoy en Babelia, titulado "El escritor aislado", y que reproduce el discurso que dio al recibir el Premio de Literatura Europea del Estado Austriaco, dice, venía diciendo yo, algo que me habría gustado añadir a mi artículo del miércoles pasado, "El escritor como delincuente":
"El escritor -señala Marías- sabe que el país en que nació y la lengua en que se expresa son importantes, pero secundarios, algo hasta cierto punto accidental, azaroso y reversible. Sabe que Proust podría haber existido en italiano o inglés, Lampedusa en español o alemán, Thomas Mann en checo o en sueco, incluso Cervantes en francés o portugués: sabe que la lengua no es más que un vehículo, una herramienta, nunca un fin en sí mismo ni algo sagrado, en modo alguno superior a quienes se valen de ella. No determina nada, o si acaso sólo en los autores "ornamentales", aquellos que en español, por ejemplo, parecen querer oír "¡Olé!" tras cada frase castiza, primorosa o garbosa."
Esto es una afrenta en España, y cuando ocurre algo similar en Ecuador -¿con qué reemplazar el "olé" español, quizás con un "elé" o un "cholito"?- también es un afrenta. No digamos si se habla de tradiciones literarias, uno siempre raro, ajeno, extranjerizante o extranjero, como si uno no hubiera leído la propia tradición y no le debiera cosas pero no las que a otros les gustaría.

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