martes, julio 06, 2010

La Feria del Libro de Guayaquil y el Ministerio de Cultura


Tres de las ferias de libros más importantes del mundo no se realizan en las capitales de sus países. Me refiero a la de Guadalajara, la de Fráncfort y la dedicada a la literatura infantil en Bolonia. Señalo esto ahora que en Guayaquil se realiza Expolibro, porque ha quedado en evidencia que una vez más se reduce el incentivo a la iniciativa privada en aras del control estatal.
El Ministerio de Cultura de Ecuador decidió no apoyar a esta feria porque, en palabras de la Ministra, se “dará a Guayaquil otra cita librera desde la visión y fortaleza del ministerio”. No hay que explicar demasiado lo que puede significar esa visión –criterios de selección filtrados y omisión de voces críticas– y esa fortaleza –el presupuesto y el funcionariado estatal–. Es decir, serán dos ferias. La suma, en este caso, no significa ganancia, sino resta. Resta porque, a pesar de los errores de Expolibro, se pierde un capital invertido en los años anteriores, desde 2006, cuando se lanzó esta feria que ha convocado a primeras figuras de la literatura latinoamericana. Resta también porque los criterios literarios de Guayaquil quedan marginados en aras de esa capacidad de concentración de la burocracia cultural desde el Gobierno.
También se pierde el apoyo conjunto que sumarían los aportes de la Municipalidad de Guayaquil y los del Ministerio. Nuevamente, por las rencillas políticas y el sabotaje, quien pierde es la literatura. Los errores también competen a los organizadores de Expolibro, por el elevado costo que tienen los stands, tomando en cuenta que más del ochenta por ciento de la producción editorial privada se realiza en Quito y trasladarla a Expolibro se ha vuelto impagable. Habría que añadir la desvirtuación de lo que significa una Feria planteada con rigor, donde deben ser los protagonistas el libro y la edición y no otros actores culturales que pueden proyectarse a través de diferentes escenarios.El apoyo debe consistir en ayudar a la mejora, no a la exclusión y el deterioro de las iniciativas particulares. Si es débil la cultura editorial en Guayaquil, quitar apoyos no favorece a quienes sí trabajan y se desviven por la creación y la edición. La importancia de una Feria no solo se mide por las ventas, sino por el papel instructivo de la palabra de autores internacionales que sirven para emular a los futuros escritores, editores, críticos, libreros y lectores de Guayaquil. Si algo marca a la intelectualidad guayaquileña es la tradición de exilio de sus escritores, que terminan creando sin apoyos oficiales. Hagan una lista, se sorprenderán. Quizá esa sea la clave de su fuerza e independencia.

Debería haber más voces que reclamen esta situación. La mayoría sigue sumida en ese lastre de los escritores ecuatorianos que prefieren quedarse convenientemente calladitos –aunque hablen mucho en pasillos y en sotto voce– y no hacer ningún reparo público por miedo a perder publicaciones estatales, becas o cargos culturales, y los consabidos viajes y viáticos a países donde tampoco se dirá la menor crítica a la mano que paga y hace enmudecer. Habrá que perderlas entonces, dejar en evidencia la censura y empezar a decir lo que realmente se piensa.


El Universo (Ecuador), 6.07.2010

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