martes, junio 02, 2009

La literatura instrumentalizada durante el gobierno de Rafael Correa


Por Leonardo Valencia


 El 22 de mayo, en la sección de cartas de los lectores del diario Hoy, se  alude a mi artículo publicado en El Universo el 12 de mayo, titulado “La literatura oficial y los escritores” (aquí mi artículo completo). Al final reproduzco íntegra la carta de la autora, Gabriela Pólit. Me alegra que se abran los debates, porque suele ser más bien escasa la capacidad para debatir literariamente en Ecuador, y me alegra de manera especial si se tiene en cuenta que la autora de la carta en cuestión es una estudiosa de la literatura que el año pasado publicó en la editorial argentina Beatriz Viterbo Editora, el ensayo Cosas de hombres. Escritores y caudillos en la literatura latinoamericana del siglo XX. Esto último me parece importante, porque Beatriz Viterbo Editora es una editorial argentina solvente para ese tipo de trabajo. Que Pólit haya logrado publicarlo allí y no en otra editorial es sintomático de la importancia que tiene publicar en esa colección para su trabajo.

Precisamente por este punto editorial quiero señalar mi discrepancia con lo que Pólit indica en su carta respecto a mi comentario de que son varios los autores ecuatorianos que ya habían publicado en España durante la última década, antes de que aparecieran los cinco tomos de literatura ecuatoriana en Alfaguara, financiada por el gobierno ecuatoriano y, sobre todo (esta era mi crítica puntual), utilizada demagógicamente por el Ministro de Cultura ecuatoriano para afirmar que recién ahora se daría a conocer la literatura ecuatoriana. Pólit escribió: “Evaluar la antología porque tiene un sello editorial español es un criterio limitado y poco literario [sic]”. Obviamente que lo es, pero si el término de valor estaba cifrado, como dijo el Ministro, en que sólo ahora se daría a conocer nuestra literatura en España, entonces nos encontramos en un campo de “producción cultural” (Bourdieu), en el que sí tiene un capital simbólico la publicación, según qué zona editorial. Caso contrario, no creo que se invierta ninguna energía, como en el caso del libro último de Pólit, en editarlo en Argentina con Beatriz Viterbo Editora.  Por lo tanto sí importa y tiene un valor la publicación en España, como hacerlo en Argentina.

Yo apenas señalé los autores publicados alrededor de la última década en España. Hay muchos más, por supuesto, si retrocedemos en el tiempo. Pero me parecía más que suficiente mencionar en mi artículo a 21 escritores ecuatorianos publicados y reeditados en España sin subvención oficial para desmentir la desinformación dada por el Ministro de Cultura por esa euforia triunfalista o mesiánica de creer que el último gobierno salva la literatura ecuatoriana.

Dejando, a estas alturas, ingenuidades al respecto de la neutralidad de la publicación en según qué país y en qué sello editorial, coincido plenamente con Pólit al respecto de que lo fundamental es la lectura directa de los textos para proceder a una valoración. Y aquí es donde, sin embargo, también se abre un cuestionamiento. Porque la carta de Pólit tiene una deriva curiosa, empieza discrepando conmigo, sin calar en lo que realmente dije (volveré luego a esto) y luego se dirige a criticar al editor del proyecto, Javier Vásconez, porque en los tres tomos de novelas, a diferencia de las antologías de cuento y poesía, publicados en esa selección, no había un prólogo que argumentara la selección de las diez novelas. Personalmente, el criterio de edición de diez novelas ecuatorianas en tres tomos gigantescos no me pareció particularmente beneficioso: los libros quedarán como ilegibles por difícilmente manejables.

Pero el criterio de Pólit no acierta o, mejor dicho, no aporta. Precisamente allí están las novelas para que la crítica haga su valoración (Las diez novelas son: Vientos de agosto, Carlos Arcos Cabrera; Polvo y Ceniza, Eliécer Cárdenas; Pájara La memoria, Iván Égüez; Sara y el dragón, Rocío Madriñán; Crónica del breve reino, Santiago Páez; Del otro lado de las cosas, Francisco Proaño Arandi; Sueño de Lobos, Abdón Ubidia; El desterrado, Leonardo Valencia; La sombra del apostador, Javier Vásconez; El Rincón de los justos, Jorge Velasco Mackenzie). Pólit estaría en la capacidad de hacer la valoración que pide a Vásconez, ya que supongo está al tanto de todas esas novelas o al menos de la mayoría, o quizá dispuesta a leerlas para emitir un juicio de valor, porque precisamente el criterio de Vásconez está en la selección misma y no en un prólogo más o menos explicativo. De hecho, un prólogo daría una mínima luz, pero lo relevante en realidad está en otro sitio, en las lecturas que se están exigiendo: es precisamente a críticos literarios como Pólit a quienes les corresponde emitir un juicio crítico y, de ser posible, un juicio de valor. Decir, por ejemplo, qué novelas no le parecen meritorias para estar en la colección y cuáles cree que deberían haber formado parte. Esto, combinado, es lo que le hace falta a la crítica ecuatoriana para que no se margine en trabajos académicos sólo dirigidos a élites y que permita al lector, ecuatoriano o latinoamericano, una idea clara y orientadora de la materia en cuestión. Eso sería de gran ayuda para dinamizar a la crítica literaria ecuatoriana, e insertarla en la discusión abierta y viva con el público lector. Y al pedir ese juicio de valor yo mismo me pongo en fuego cruzado porque una novela mía está incluida en esa selección de diez novelas. El primero en aprender de las críticas de especialistas o de lectores agudos, soy yo mismo, porque me permite sentirme acompañado, como escritor, en el propio camino de autocrítica que me lleva a mejorar y seguir explorando en cada nuevo libro. Parece que todavía en Ecuador se confunde la crítica con la suposición de un ataque personal. O como dirían los anglosajones, todavía se antepone el “yo” al diálogo.

Y vuelvo, al final de esta nota, al comienzo del comentario de Pólit en su carta, en la que alude, sin aclararlo suficientemente y sin abordar lo esencial, mi crítica original de que la publicación en Alfaguara fue utilizada de manera proselitista y demagógica en las declaraciones del Ministro de Cultura, único punto que yo señalaba como fallido en el evento cultural de Madrid.  La autora de la carta menciona que, como asistente al evento en Casa de América, le pareció productivo y estimulante para la comunidad ecuatoriana en Madrid. Esto es algo que no negué, pero no es el centro de la cuestión, porque no es el primer evento que se hace en Casa de América o en Madrid para la cultura ecuatoriana.

La diferencia, y esto quiero remarcarlo, es que los eventos anteriores hechos en Madrid no se utilizaron para hacer propaganda para el gobierno de turno. Precisamente días después de la publicación de mi artículo, me llegaron los ejemplares editados por Alfaguara. En ella consta, en la contraportada, el sello del Ministerio de Cultura del Ecuador, lo que me parece correcto, y así es como se debe proceder en estos casos de subvenciones editoriales, porque son todos los ecuatorianos los que, con sus impuestos, suman esfuerzos para apoyar a su cultura y a sus actores culturales. Pero mi sorpresa fue mayor porque, además de las declaraciones desafortunadas del Ministro de Cultura, se suma algo que consta impreso en el libro, en la página de créditos bibliográficos y derechos de autor, y que es la prueba fehaciente de lo que sostengo. Allí ya no se menciona al Ministerio de Cultura del Ecuador, sino que directamente se dice: “Esta colección se publica durante el Gobierno del Presidente Rafael Correa”. 


¿Qué costaba repetir de nuevo el nombre del Ministerio de Cultura de Ecuador? Si esto no es utilizar y manipular un contenido cultural ecuatoriano con el personalismo populista que aplica el gobierno actual, entonces habría que ser ciego para no entender lo que he señalado. Los libros auspiciados por los gobiernos, sean de México o de Suiza, siempre mencionan que el libro ha contado con el apoyo del Ministerio respectivo o de la Embajada del país de origen en el país donde se publica; pero nunca se incurre en mencionar el nombre del presidente de turno. Que, de paso, no sólo es manipulación sino declarado mal gusto.

Cuando Javier Vásconez, años atrás –cuando todavía no era tan visible el abuso propagandístico del gobierno de Rafael Correa- me invitó a participar con una novela mía en este proyecto, le señalé mis reparos porque temía que se pudiera incurrir en una manipulación de este tipo. Finalmente acepté porque los argumentos de Vásconez fueron insistentes y me tranquilizaban al respecto de que se manejaría de la mejor manera, y que la literatura está por encima de los gobiernos de turno. No ha sido así. Y lo lamento. También le señalé a Vásconez que, en el caso de producirse un mal manejo del asunto, yo no iba a quedarme callado por más que me incluyeran en la selección. Por este motivo me pareció necesario señalar las manipulaciones que se han producido. Mi discrepancia no afecta al contenido en sí de los libros, que siempre estarán muy por encima de este debate y del presidente de turno, pero sí apuntan a señalar malos manejos que están siendo indicio de cómo se quiere instrumentalizar una literatura.

Reproduzco a continuación la carta a la que he aludido.



El ciclo vital de los libros

Publicado el 22/Mayo/2009 Diario Hoy (Ecuador)

 

Gabriela Pólit Dueñas

 

En días pasados, Leonardo Valencia (El Universo mayo/12) aseguró que el actual Ministro de Cultura aprovechó el lanzamiento de las antologías de la literatura ecuatoriana para hacer propaganda política. Las antologías incluyen tres tomos de novela (Javier Vásconez), uno de cuentos (Vásconez y Mercedes Mafla) y uno de poesía (Iván Carvajal y Raúl Pacheco).El lanzamiento se hizo en el encuentro "Ecuador posfronterizo" celebrado en Madrid. Un evento de intercambio entre ecuatorianos residentes en España y artistas, críticos, intelectuales que viven dentro y fuera del Ecuador. Un diálogo entre los ecuatorianos del mundo y los españoles. Para quienes estuvimos en Madrid, el lanzamiento, la coreografía, la lectura de trabajos literarios, el concierto de música, la muestra de fotografía y el ciclo de cine tuvieron un impacto particular. Fue un encuentro de cultura fecundo y colectivo. El lanzamiento, además, no habría podido tener mejor audiencia. Fue sorprendente la ansiedad con la que jóvenes ecuatorianos que han vivido su niñez y adolescencia en Madrid expresaron la necesidad de vincularse con el Ecuador. Fue conmovedora su honesta curiosidad. Para ellos, esta antología tiene una especial relevancia. Toda antología es una clave de lectura crítica y contribuye en cuanto sus editores argumentan la selección de obras. En las antologías de poesía y cuento, sus editores explican su lectura crítica. La de novela no ofrece ninguna. Grave problema. La lectura de Vásconez no se explica, tampoco expone criterios, no confronta límites ni aporta a la discusión crítica. Su antología es personal, aunque él no admita señas personales. Como toda lectura, tendrá aciertos y desaciertos que habrá que analizar. Evaluar la antología porque tiene un sello editorial español es un criterio limitado y poco literario. Es positivo que autores ecuatorianos publiquen con Alfaguara porque garantiza distribución de sus obras, pero eso no las hace mejores. A una obra se la juzga por lo que es, por lo que propone. No celebremos las antologías sin leerlas, dialoguemos con las lecturas que sus autores proponen. Los libros deben cumplir su ciclo vital con lecturas iluminadoras. No es suficiente su publicación y el aval del sello editorial español. Las antologías necesitan de lecturas que reconozcan su aporte en la discusión local, y en esa ávida población en España.

1 comentarios:

Blogger Juan Secaira ha dicho...

Totalmente de acuerdo. No se puede manipular el arte, y tampoco se entiende la posición de muchos artistas que parecen quinceañeros más que otra cosa. Antes luchaban contra el poder, hoy guardan silencio, uno cómodo, muy cómodo.
Y como casi siempre se pretende refundar la patria olvidándose del pasado.

3 de junio de 2009, 1:21  

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